martes, 5 de septiembre de 2017

Pistas para empezar el curso y acabarlo sin morir en el intento.



Tenía una pequeña planta y se me murió de tanto regarla. Fue entonces cuando aprendí que dar de más, aunque sea algo bueno no siempre es lo más adecuado.
Anónimo


Es septiembre, mes de vuelta al colegio y vuelta a la rutina para gran parte de la población. Es el mes, junto con enero, de los buenos propósitos. Uno de los propósitos más común entre las madres y padres es el de hacer que los hijos sean más autónomos.

La premisa es que nadie nace sabiendo, por eso hay que enseñarles a realizar sus tareas en lugar de hacerlas por ellos. La mayoría de las ocasiones damos por hecho que saben hacer lo que a nosotros nos parece básico, sin darnos cuenta que hay detrás años de aprendizaje.
Así que para no llegar exhaustos al final del curso e inmersos en broncas y peleas, ahí van unas pistas para contribuir a que nuestros hijos sean más responsables y autónomos. Para ver los resultados al final de curso hay que empezar desde el primer día, así que vamos a ello.

  1. La organización de la mochila.

El olvidarse o perder material escolar suele ser fuente de conflicto. El saber planificarse y comprobar lo que tienen que llevar o traer cada día les suele costar, y si no les damos herramientas para ello no lo harán. Sin querer podemos frenar su aprendizaje al realizar nosotros lo que podrían hacer ellos. 


Una tabla parecida a esta, colocada en un sitio visible, en la que escriba todo lo que debe ir en la mochila cada día, puede servir para organizarse y no olvidar los materiales que va a necesitar llevar cada día. Se puede colocar otra en la mochila para recordar a la inversa, lo que tiene que traer del colegio a casa.




Les ayudaremos a rellenarlo y les supervisaremos los primeros días, con la intención de ir retirando nuestra ayuda poco a poco.

  1. Organizar su tiempo y actividades.

La organización es un punto problemático. A veces les acusamos de perezosos o de ser un desastre, cuando lo único que ocurre es que no les hemos enseñado esa habilidad. Para ello tenemos que tener muy presente que si nos involucramos y le dedicamos tiempo al principio, con paciencia y cariño es más fácil que veamos el fruto a lo largo del curso. Unas ideas a tener en cuenta:

  • Usar una libreta o agenda escolar para apuntar todas las tareas, y que las vayan tachando según las vayan realizando.


  • Unificar las tareas por materiales necesarios para realizarlas, (libros, ordenador, cuadernos...)
  • Establecer límites temporales coherentes a cada una.
  • Enseñarles a distinguir tareas urgentes de las que no, las importantes de las nimias. Con una tabla de este tipo, les puede resultar más fácil identificarlas y catalogarlas. Un examen sería una tarea importante y no urgente.


  • Usar calendarios de pared para anotar fechas importantes como exámenes, entrega de trabajos.

  1. Los deberes.

Sin entrar en el debate de si los deberes son necesarios, o el tipo de deberes que se deben hacer, hoy por hoy en la mayoría de los colegios los usan para completar y afianzar lo aprendido en el aula y es algo con lo que tenemos que lidiar, mejor empezar a encararlo desde el primer día para que no suponga una batalla a lo largo del curso. Ahí van unas recomendaciones:

  • Establecer un sitio apropiado para hacer los deberes. Con buena luz y libre del mayor número de distracciones. Donde se tengan los materiales necesarios a mano.
  • Procurar que sea a la misma hora. Para que se vaya creando un hábito. Que no se deje para muy tarde para evitar cansancios y perezas.
  • Servirles de ejemplo haciendo nuestras tareas. Estando accesibles por si requieren de nuestra colaboración pero con actividades separadas.
  • Darles la consigna de que realicen los deberes por ellos mismos, si hay algo que no sepan hacer que pasen al siguiente, así evitamos que se acostumbren a las interrupciones y les damos la oportunidad para que encuentren la solución más tarde.
  • Darles herramientas para que piensen ellos la solución más que dársela nosotros.
  • Revisar los deberes al final, a parte de para saber si están bien hechos, para que sepan que les damos importancia a su esfuerzo.
  • Hablar en positivo de los deberes delante de ellos.
  • Poner un tiempo de ejecución prudencial, para que aprendan a organizar su tiempo., e intentar cumplirlo.
  • Si algo no lo entienden, quizá sea bueno poner una nota al maestro/maestra para que en la medida de lo posible se lo vuelva a explicar.

  1. Equivocarse está bien.

Tomar decisiones sensatas no se aprende de la noche a la mañana, ni  la responsabilidad, ni la autonomía. Se aprende cometiendo errores hasta encontrar la manera que mejor resuelve cada problema, lo que se conoce vulgarmente como aprendizaje “ensayo – error”. A los adultos nos cuesta respetar las iniciativas de los pequeños y aceptar sus elecciones. Presuponemos demasiado a menudo que se van a equivocar, no damos tiempo para que aprendan de los errores. Hay que darles permiso para que yerren.

Un niño autónomo y responsable es más probable que tenga una mejor autoestima. Es el momento de enseñarles y confiar.

Os deseo un buen curso.


domingo, 3 de septiembre de 2017

La banalización de los trastornos mentales.



Podemos pasar unos días apáticos tras una fuerte desavenencia con nuestra pareja u otra persona significativa.

Podemos sentir una profunda tristeza cuando se muere alguien a quien queremos.

Podemos sentir mucha pena tras la ruptura de una relacion.

Podemos sentir agitación e intranquilidad porque se nos pasa el plazo de entrega de un proyecto.

Podemos volver alguna vez al coche a comprobar si lo hemos cerrado.

Podemos tener problemas para dormir unos días porque nos preocupa no dar con la solución final de un trabajo.

Podemos no desayunar ningún día porque no nos entra nada.

En ninguno de los ejemplos anteriores estaríamos hablando de ningún trastorno mental. Sería absurdo hablar de depresión, ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo, insomnio o trastorno de alimentación. Sin embargo cada vez más se asocian vulgarmente esas palabras a problemas más o menos cotidianos, y esas palabras designan enfermedades, no son palabras vacías de contenido.





Lo que se consigue al asociar problemas mentales a problemas cotidianos son varias cosas:

1.- Se hace estar a las personas en alerta ante emociones cotidianas y congruentes a situaciones difíciles. 

Por ejemplo, personas que acuden al médico o psicólogo ante una pérdida a que les ayude a paliar el dolor, no vaya a ser que sea depresión eso que sienten, cuando lo que ocurre es que están en un proceso de duelo asociado a una pérdida.

2.- Personas que sí tienen estos trastornos se sienten culpables por no superarlos con la facilidad que otras personas dicen que los sufren sin ser así.

3.- Al estar muy medicalizada la atención de estas enfermedades, hay muchísimas personas que cada vez dependen más de los medicamentos psiquiátricos y menos de sus recursos personales para hacer frente a los imponderantes vitales.

4.- Personas que sí tienen estas enfermedades no piden ayuda cuando deberían, por estar tan banalizada la psicología y psiquiatría que no se lo toman en serio. Con esto lo que se logra es que problemas leves se cronifiquen.





Por si todo esto fuera poco, a nada bueno contribuye que a los profesionales de la salud mental se nos llame loqueros o similar. No tratamos de ayudar a locos, tratamos de ayudar a personas que sufren y lo pasan mal, y que por ver que a su alrededor se banalizan sus problemas y a los profesionales que les tienen que ayudar, no acuden a pedir ayuda a su debido tiempo.

Pido respeto e información hacia las personas que tienen algún tipo de trastorno mental, hacia los profesionales que nos dedicamos a ayudarles y hacia ti que ahora me lees, que aunque ahora te sientas bien y no tengas ningún trastorno mental puedes sufrirlo algún día y entonces puede que entiendas mejor mis palabras. 


Si te parece bien, comparte si tú tampoco quieres que se banalicen los 
trastornos mentales. Gracias.

miércoles, 28 de junio de 2017

A colación del día del orgullo.






Diré que no sé si por azar o qué, tengo y he tenido un número suficiente de pacientes homosexuales, como para decir que me parece que sigue siendo muy necesario. 





 Mientras haya progenitores que digan que prefieren tener un hijo con cáncer a maricón o bollera
, será necesario salir y mostrarse con orgullo. 

 Mientras haya chavales que reciban insultos y palizas por decir que les atraen personas de su sexo, será necesario salir y mostrarse con orgullo.

 Mientras haya profesiones donde sea motivo de mofa mostrarse homosexual, será necesario salir y mostrarse con orgullo.

 Mientras haya quien considere aberrante a las personas trama, será necesario salir y mostrarse con orgullo.

 Mientras haya quien considere ofensivo para "las personas de bien" mostrarse con orgullo, será necesario salir y mostrarse con orgullo.


 Mientras se diga que está bien ser homosexual y que no hace falta que se note, será necesario salir y mostrarse con orgullo.


 Mientras haya religiones que condenen la homosexualidad, será necesario salir y mostrarse con orgullo.


 Mientras haya países donde esté  penado con la muerte ser homosexual, será necesario salir y mostrarse con orgullo.


 Porque nadie obliga a los heterosexuales a asistir ni verlo. Porque hay otras manifestaciones, ideologías y religiones que ocupan la calle y se les respeta.


 Porque si hay colectivos que tradicionalmente se les ha discriminado y/o vejado tienen todo mi respeto para mostrarse y celebrar con orgullo.


 Por que no hay nada que nos haga más humano que el respeto al otro.


 Por la defensa de la libertad de Ser, Sentir y Amar.


 Sigue siendo necesario mostrarse con orgullo.




viernes, 16 de junio de 2017

Y el premio a la mejor madre del año es para...

"Si una sociedad que valora a sus niños, deberá cuidar a sus padres (y madres) como tesoros"
John Bowlby











Algunos sectores del feminismo diciendo que las mujeres que elijen dejar aparcada su carrera y dedicarse a cuidar a sus hijos, no se empoderan, son unas mantenidas, unas flojas...

Madres pro crianza con apego, (reitero no confundir con la teoría de apego de Bowlby), criticar y llamar antimadres a mujeres que deciden, por ejemplo, renunciar a la lactancia materna.
Madres que son estigmatizadas públicamente por reconocer que no todo es idílico y a veces saldrían corriendo sin mirar atrás.

Madres que no toman en serio la violencia ostétrica, o ridiculizan a las madres que quieren un parto menos intervenido.

¿PERO ESTO QUÉ ES?

Señoras, cuando leo estas discusiones, me digo, el machismo sigue ganando. No hemos aprendido nada.

Seguimos alimentando el morbo de que las mujeres peleen entre sí, que se enjuicien y critiquen. Pues no, me niego. Cada mujer materna como mejor puede, sabe y quiere de acuerdo a sus circunstancias. La perfección no existe y ya vale de idealizar algo inalcanzable. Lo que a una familia le vale, a otra no.

Desconozco que ha llevado a una pareja a tomar las decisiones que ha tomado. ¿Quién soy yo para juzgar a nadie? Yo solo tengo mi marco de referencia, yo sé, o creo saber lo que es mejor para mí y mi familia, pero no sé lo que es mejor para la de los demás. No sé que circunstancias llevan a las personas a sus decisiones.

Que se luche por perseguir logros sociales que permitan un mejor cuidado de nuestras criaturas, que permitan una verdadera conciliación y se dejen de chorradas y luchas inexistentes.

Como sociedad, una función que nos corresponde es proteger a los miembros más vulnerables, y por eso es por lo que hay que pelear. No por quién tiene más derecho al carnet, de feminista, de madre.

La maternidad es cuidado, sostén, empuje... ¿dónde queda eso cuando se juzga como realiza esas funciones a otra mujer?

El feminismo defiende capacidad de elegir, libertad, igualdad, equidad, sororidad, ¿dónde está la sororidad cuando se llama mantenida a una mujer que decide ser ama de casa?.

Yo no quiero luchar contra ninguna madre, contra ninguna mujer, quiero cooperar y que nos cuidemos y nos respetemos.

A todo esto, se ve combatir a mujeres por cómo debe ser una mujer, una madre, ¿y los padres qué? ¿Ellos no luchan porque todos son malos o porqué todos son buenos?

En consulta me he encontrado mujeres de diversa condición. Exitosas, con carreras brillantes, que con los años se arrepienten de no haber dedicado más tiempo a sus hijos.

Madres que dejaron su carrera para para cuidar a sus hijos y descubrieron que eran más infelices, que no les satisfacía algo que habían deseado tanto y que habían elegido.

Mujeres que se arrepintieron de haber tenido hijos.

Mujeres que se arrepintieron de no haber tenido hijos.

Mujeres que criticaron a otras mujeres y acabaron con el tiempo haciendo lo que criticaban.

Mujeres que tras sufrir para dar el pecho a sus hijos o hijas, reconocen con vergüenza que hubieran sido más felices dando el biberón si no se hubiera obsesionado con la lactancia, que no la disfrutó y que la recuerda como una tortura.

Mujeres y mujeres opinando, cambiando de opinión, cambiando de circunstancias...

Así que ¿quién soy yo para juzgar o criticar a otra mujer? Vivo como puedo y con eso tengo bastante.

No olvidemos que una función importante de las sociedades es proteger a sus miembros más vulnerables, los menores lo son. Por ellos, encontremos un punto de encuentro.



Os dejo un fantástico vídeo titulado Guerra de mamás. Y el poder de la hermandad.









DEBATE EN TEMAS DE GÉNERO: LAS FALACIAS NUESTRAS DE CADA DÍA









Imagen de @sharingideas-josecavd



Y el problema no es que falten datos para analizar estos fenómenos, aparentemente contradictorios, el problema es epistémico y no sólo “la insuficiente información”.
No se puede entender un problema de género sin enfoque de género, aunque el neo machismo quiera llevar estos problemas a un terreno en el que resulte innecesario ese concepto porque, desde su perspectiva, estos fenómenos ocurren por todas las causas del mundo , menos por el estímulo del pensamiento machista.
Lo que el neo machismo hace se llama falacia “hombre de paja”, es decir, tergiversar el argumento de su contrincante para que luego sus críticas encajen a la perfección y se genere la imagen de que las posiciones igualitaristas “fueron derrotadas” en la arena del debate ideológico.
El feminismo NO pretende aplanar o eliminar las diferencias entre varones y mujeres, como lo señalé en otro escrito: “somos felices siendo diferentes”, lo que se pretende es que las diferencias de género no pesen al momento de la actuación social; si en un concurso público, por ejemplo, un varón gana un puesto por méritos propios, ninguna feminista se va a oponer ni protestar, es ridículo que se presente esa imagen, es muy distorsionada. Lo que se sostiene es que por el mero hecho de ser varón se decida que “debería” ocupar determinado puesto y que la mujer por el mero hecho de serlo, sólo “debería” aspirar a ser secretaria o personal de limpieza porque eso es lo que le “corresponde”, lo que se quiere evitar es que hayan desigualdades por razones de género, todas las demás diferencias son obviamente válidas, normales, aceptables porque así es el ser humano.
LAS DIFERENCIAS ENTRE VARONES Y MUJERES EN CAPACIDADES, CARACTERÍSTICAS PERSONALES, HABILIDADES Y DEMÁS NO IMPLICAN DESIGUALDADES, PERO LA DESIGUALDAD POR RAZONES DE GÉNERO SÍ IMPLICA DIFERENCIAS NO ÉTICAS, esta es la lucha, lo demás es una aborrecible tergiversación de quienes ya sabemos quieren la defensa del “orden natural”, y no importa quién lo sostenga, sean pastores evangélicos o católicos, un empleado público, el vecino, un PhD de una Universidad prestigiosa o un psicólogo o psiquiatra con “50 años de experiencia profesional”. Ser académico o profesional no hace a nadie inmune a creencias inveteradas.
La otra falacia es respecto a las leyes, existe la igualdad normativa y la sustantiva, la primera está constituida por un conjunto de normas o leyes que estimulan la igualdad entre varones y mujeres y que han sido incorporadas a las políticas públicas de muchos países, por ejemplo que las empresas tengan cuotas de mujeres en las contrataciones que realizan ¿Qué sostiene el neo machismo al respecto? Que como esas leyes que según ellos “favorecen a la mujer y perjudican al varón” no surten el efecto esperado que es reducir la brecha de género, entonces llegan a la conclusión que el concepto “género” es inservible, que “no explica la realidad de las mujeres” porque éstas siguen igual o peor que antes. ¡¡Qué lógica!! Por eso decía,y reitero, no se puede entender un problema de género sin aplicar un enfoque de género.
La realidad es que si bien la búsqueda de igualdad normativa ha ayudado a la mujer en las últimas décadas, de ninguna manera es suficiente ¿saben por qué? Porque nunca una ley cambia la realidad y cuando hablamos de problemas de género estamos hablando de relaciones humanas, de mentalidades, de concepción de lo que es un hombre y una mujer , y la mayoría de veces las leyes no llegan hasta allí, por eso que existe el concepto de igualdad sustantiva, que es la que debe darse en la vida cotidiana, en el mismo acto de práctica social , de relación con el otro, y ahí aún nos falta mucho camino por recorrer.
La igualdad de varones y mujeres en el terreno de derechos y relaciones interpersonales se logrará con el desarrollo humano integral, no sólo por la existencia de normas ad hoc, que han cumplido su función, pero el camino que sigue es cultural, no sólo legal.
Las leyes están bien pero si aún existe un varón que piense que su mujer le pertenece o que tiene “más derechos” que ella, o ideas afines, habrá la posibilidad de un acto de violencia aunque existan mil leyes de protección, es a este nivel que debemos meternos más y que el neo machismo no entiende porque entenderlo significaría aceptar que tienen que cambiar de percepción y eso es inconcebible para un sujeto con creencias arraigadas. La insuficiencia o ineficiencia de la ley no cuestiona el concepto de género, lo que cuestiona es la falta de flexibilidad de cierto grupo de personas para cambiar su enfoque de las relaciones humanas, precisamente por razones de género. Naturalmente, tampoco estoy diciendo que el género actúe en el vacío, se imbrica con los demás aspectos de la dinámica social, lamentablemente , existen una serie de condiciones negativas que juntas disparan la violencia como por ejemplo, las adicciones o la falta de salud en la familia (inhabilidad parental, disciplinaria, dependencia, aglutinamiento, etc) y cualquier observador de este campo podría decir que todas van juntas, sacar una es quebrar el panorama total, y el concepto de género contribuye a esa explicación.
La hostilidad será siempre compañera del ser humano, se la puede gestionar pero no eliminar, en ciertas circunstancias la necesitamos, nadie sostiene lo contrario, lo que sí se pretende es reducir la violencia por motivos de género, que es otra cosa.






Texto original de Efrain Flores Bonifacio. Psicólogo - Psicoterapeuta visto en su página de Facebook Publicado en este blog, con permiso del autor.



miércoles, 7 de junio de 2017

Los 10 errores más comunes de un psicoterapeuta.




En diferentes momentos y situaciones me he encontrado con varias personas que me han comentado, que han tenido alguna mala experiencia a la hora de hacer terapia y que pese a necesitarlo, -fruto de esas experiencias pasadas-, han decidido no acudir a otro psicoterapeuta.

Indagando un poco, algunos de ellos no eran psicólogos, ni tenían la formación suficiente, pero ese es otro cantar, que puede algún día trate. Ahora me centraré en los que sí son psicólogos.


La psicología, como otras profesiones sanitarias requiere de una gran responsabilidad y compromiso. Una formación continua y si nos dedicamos a la psicoterapia, una terapia personal y supervisión por parte de otros colegas más expertos que corrijan nuestros errores o nos ayuden a encontrar otras vías de abordaje, todo ello encaminado a ofrecer el mejor servicio de ayuda.

Por desgracia no todos los profesionales lo vemos así, a veces se peca de arrogancia, desconocimiento o un exceso de confianza. Porque las personas que nos dedicamos a la psicología tenemos una vida aparte que nos afecta y a veces nos equivocamos. Cómo no somos máquinas de precisión, tenemos que estar atentos para no bajar la guardia y caer en ciertos errores que pueden poner en entredicho nuestra labor profesional o lo que es peor, perjudicar a otra persona que busca nuestra ayuda.



Entre los errores más comunes indicativos de una mala práctica estarían:



1.- Intentar acelerar el proceso terapéutico con consejos prematuros, dando una respuesta para todo.

A veces hay que aclarar conceptos, dar información, podemos orientar sobre lo que le puede venir mejor o no, pero no somos nuestro paciente, Él ha de tomar sus propias decisiones, y hará los cambios cuando esté preparado para ello. No podemos empujar hacia algo que no quiere o no siente que sea el momento.

Las actitudes paternalistas no tienen cabida, porque si hacemos y decidimos por él, es una oportunidad que él no hará o decidirá por sí mismo, limitamos su capacidad de autonomía.


2.- Curiosidad morbosa por la vida del paciente.

Antes de preguntar sobre algún detalle desagradable o doloroso, conviene preguntarnos el para qué necesitamos saberlo, si nos dará información que le ayude. Escudriñar y preguntar en exceso buscando demasiados detalles poco o nada importantes para el trabajo terapéutico puede llevar detrás una necesidad del terapeuta de protegerse psicológicamente antes sucesos dramáticos del paciente que no sabe manejar. 

En un deseo de querer comprender mejor al otro, se corre el riesgo de querer saber más de lo necesario para nuestra labor de ayuda.


3.- La búsqueda de poder.

En la intimidad de la consulta, se crea una relación de confianza e intimidad emocional tal, que puede hacer que los pacientes nos vean con cierta “autoridad”. Se puede llegar a crear cierta idea de omnipotencia y control.

Estar en contacto con el dolor humano constantemente, nos lleva a fantasear con soluciones ideales, y sin darnos cuenta, acabar siendo autoritarios con los pacientes por no alcanzar nuestras soluciones fantásticas.



4.- Hacer cosas cuyo objetivo sea quedar bien.

Trabajar para el bienestar ajeno, supone confrontar las contradicciones, las mentiras, autoengaños. Supone poner límites, y eso nos lleva a arriesgarnos a perder la simpatía del paciente.

En terapia a veces se dicen o hacen cosas que en algunos momentos pueden provocar dolor. Caer en cierto paternalismo no ayudará a su proceso.


5.- Búsqueda de auto terapia.

No hay que intercambiar los roles. El setting terapéutico no es un lugar para hablar demasiado de nosotros ni descargarnos de nuestros problemas. 

Hacer autorrevelaciones en momentos puntuales, puede ser un buen catalizador para las de los pacientes, no obstante, éstas deben ser limitadas, no se trata de ocupar el tiempo hablando de nosotros.


6.- Intelectualizar la relación.

Centrarse demasiado en las técnicas, en las teorías concretas o marcos teóricos principales que todos los profesionales seguimos, en detrimento de la relación o alianza terapéutica, del vínculo emocional entre ambos, de la escucha empática; contribuirá a distanciarnos y dañará el vínculo terapéutico.


7.- Ser demasiado técnicos y rígidos.

Somos nosotros los que nos tenemos que facilitar el ambiente adecuado para que se produzca una buena comunicación, para ello debemos hablar “su idioma”. Colocarnos en un pedestal de conocimientos, teorías y paradigmas nos aleja.

Las sesiones no son algo encorsetado, es dinámica pura. Planificar está bien si se sabe improvisar cuando sea necesario, que es la más de las veces.


8.- Ir contra los valores del paciente.

Un terapeuta no puede arremeter ni rechazar el sistema de valores ni creencias de un paciente. Aunque no se compartan las ideas de un paciente, siempre se ha de respetar, y trabajar desde ese marco de referencia. Se le darán herramientas, se harán ejercicios para provocar cierta permeabilidad a ideas ajenas, o incluso que le inviten a salir de su “zona de confort”, pero siempre desde el respeto hacia el otro. 

Las personas que nos dedicamos a la psicoterapia no somos quién para juzgar si lo que piensan nuestros pacientes está bien o mal, estamos para ayudarles si esos pensamientos les generan malestar.


9.- No saber derivar a tiempo.

No todos los profesionales sabemos de todo, bien por deseo, bien por otras circunstancias, nos hemos ido especializando en alguna temática más que en otra. Por honestidad, cuando acuden a nosotros con algún problema que no controlamos, lo mejor es derivar a otro profesional que sí lo sea.

Otras veces, aun estando dentro de nuestra “especialización” hay que aceptar que no somos infalibles y aceptar nuestros límites. 


10.- Ejercer desde un personaje de perfección.

Si no nos mostramos como somos, no seremos nosotros. En pocos lugares hay tanta intimidad emocional como en la consulta de un psicólogo, o al menos debería haberla, y eso no se logra si estamos impostados en una pose de algo o alguien que no somos. 

La espontaneidad y la autenticidad de contribuirán a que estemos conectados y disponibles para esa intimidad y por supuesto no invitaremos a participar en ella.



Espero que este artículo sea de algo de utilidad sobre todo a los colegas que empiezan, que ayude a que pierdan el miedo, y a la vez le guarden el respeto y veneración que esta profesión requiere.

Que nos sirva a todos y todas como toque de atención, de reflexión y nos invite a no bajar la guardia, y nos impulse a querer mejorar, a no cometer excesos, manteniéndonos afinados, como los buenos instrumentos de precisión. No olvidemos que tratamos con personas que sufren y lo más importante son ellos.

Os invito a que dejéis algún comentario, ampliando, matizando o criticando si lo consideráis lo aquí escrito. 


Si lo consideráis útil, os agradecería que lo compartáis. Y si crees que puedo ayudarte en tu quehacer profesional por medio de supervisión desde mi experiencia, no dudes en ponerte en contacto conmigo.



Gracias y un saludo afectuoso.






lunes, 6 de marzo de 2017

La maternidad y la culpa.




“La culpa es la consecuencia de la internalización de las figuras externas de autoridad” 
(Kertész, 2008).



Cuanto más me adentro en el mundo de la psicología perinatal y más trabajo con madres, más me encuentro con madres con diversos sentimientos de culpa ya desde el embarazo. Curiosamente este sentimiento aparece más en las madres que abogan por lo que se conoce como “crianza con apego”.

Madres que desean un parto normal. Lo menos medicalizado posible, con deseo de lactancia materna a demanda, pro colecho y porteo. 

Madres que van sumando culpa a medida que avanza el proceso. Que se sienten culpables por haber pedido epidural, o por haber tenido una cesárea. Culpables por dejar a su bebé en la cuna por tener miedo a aplastarlos al hacer colecho. Culpables por no poder lactar por el motivo que sea. Madres a las que la culpa les puede día tras día por no cumplir unas expectativas en torno a la crianza con apego. 

Culpa que va generando crispación y que puede dar lugar a una desconexión de la madre con su hijo.

La culpa es un sentimiento inmovilizador e invalidante. Es un sentimiento complejo, con una combinación de otras emociones básicas como la rabia y la tristeza, así como acompañada de un componente cognitivo. Lleva asociada una gran autoexigencia. 

Mal vamos si la maternidad y la crianza empiezan acompañadas de la culpa.


Creo que a estos sentimientos de culpa influye la confusión que existe entre la teoría del apego, creada por John Bowlby, y la "crianza con apego", deriva de la anterior.

Ambas entienden el apego como el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres (o cuidadores) y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad.

La crianza con apego es una corriente ideada por el pediatra William Sears, y la teoría psicológica del apego formulada por el psicoanalista John Bowlby, y con ámplia base científica.

Las directrices básicas para una exitosa crianza con apego, según Sears son: estrecho vínculo posparto; lactancia materna (prolongada y a demanda); porteo; colecho; respuesta al llanto; así como desconfiar de los consejos de lo que denominan adiestradores de niños. 

La teoría del apego, construida por John Bowlby, hace hincapié en la necesidad básica del bebé de seguridad y protección en la proximidad de una figura cuidadora y la posterior interiorización en su mente de representaciones de ese vínculo, en una organización subjetiva que al niño le dará expectativas acerca de la relación y el lugar que ocupará en ella.

La tesis fundamental de la teoría del apego es que el estado de seguridad, ansiedad o temor de un niño es determinado en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto (persona con que se establece el vínculo).

Los tres elementos fundamentales del proceso de apego son sintonía con el bebé, equilibrio y coherencia. 

La teoría del apego es muy rica en matices y explica muchos aspectos del psiquismo, sin embargo, se acaban difundiendo esquemas muy simplistas de la misma, reduciéndola a describir el apego como patrones o estilos. Su estudio y contenido excede el que puede brindar en este blog. Para saber más recomiendo la lectura de sus libros.

Lo que sí me gustaría dejar claro es que sí, que el apego es una necesidad básica del ser humano y todos los niños tienen algún tipo de apego. El apego que se construye en base a muchas variables más allá del tipo de lactancia, o si hay colecho o no, que aun estando muy bien, estos usos no pueden reducirse ni asimilarse con el apego en el sentido psicológico del término.

Hay madres que se sienten muy culpables al sentir que fallan al no poder seguir los dictados de la crianza natural, algo que no beneficia a nadie, ni a las madres, ni al vínculo que se pretende defender. No deja de ser un contrasentido. 


Interpretando a otro célebre pediatra, psiquiatra y psicoanalista, Donald Woods Winnicott, podríamos decir que lo que todo niño necesita para un desarrollo saludable es una madre suficientemente buena; no perfecta, solo suficientemente buena, es decir, una madre que provee al niño de todo lo que necesita; incluyendo graduales frustraciones, que le permitirán a éste adecuarse al medio exterior. Habla que debe haber un equilibrio entre una “madre suficientemente buena” y una “madre banalmente dedicada” al niño.

También me gustaría resaltar que tanto Bowlby como Winnicott, al hablar de funciones maternales, anteponen el concepto de función frente al sujeto que la realiza (madre, padre u otro cuidador). La función implica una acción, un movimiento que posibilita un proceso, más allá del individuo concreto, biológico, que realiza el cuidado materno. De ahí que la función maternal puede ejercerla, indistintamente, todo aquel que tenga condiciones y disposición para hacerla. Se hablaría así de la figura del primer cuidador, generalmente la madre.

Desde aquí invito a reivindicar el ser madres lo suficientemente buenas, y desterrar la idea de perfección, ya que esta no existe y nos lleva a la consabida culpa paralizante de la que hablaba al principio.

Se puede ser una madre amorosa y procurar un apego seguro y a la vez tener necesidades propias. Se puede querer y respetar al bebé, y respetarte a ti misma también, teniéndote en cuenta. Porque si nos entregamos tanto, corremos el riesgo de desaparecer o estemos sin estar y pasemos a ser una mera presencia física que no conforta.

Tu puedes creas tu propio estilo de crianza que mejor se adapte a tu personalidad y tu forma de vida y que pueda proporcionar los mejores cuidados y apego con tu hijo.

Nuestros hijos no necesitan madres perfectas sino madres auténticas, y honestas consigo mismas y capaces de mostrar su vulnerabilidad y capaces de conectarse desde esa vulnerabilidad. Ofreciendo modelos sinceros a nuestros hijos.

No es bueno negar lo que uno siente, no podemos quedarnos atascados en la culpa. Si notas que la culpa empieza a apoderarse de ti, la frustración, la tristeza, la rabia o el miedo, busca espacios y personas donde no te enjuicien y puedas mostrarte. Mostrar tus inquietudes y vulnerabilidades. 

Si necesitas alguien que te escuche, te ofrezco ese espacio.